29/3/10

No los quería.

Yo no quería amores, no los quería,
y menos de extraños, no los quería,
yo había querido, sí,
yo había amado, sí,
¡vaya que había amado!
hasta perder la identidad.
Me había librado, sí, a penas duras
del beato quien había aprisionado mi corazón
(C a r c e l e r o!... con todas sus letras)
robando mi libertad y también mi serenidad.
¡Ya no quería amores! no, no los quería...
Pero estaba queriendo,
con ardiente fervor
a quien no me quería
y en mi mudo sufrimiento
ahogaba las penas
en brazos de un tercero,
era sólo un juego...
(donde ganaba, perdía, ganaba, perdía, gané gané gané...)
¡pues yo no quería amores! no los quería.
Y quien no me quería
ni siquiera sabía
de las locuras que en mi breve agonía
yo día a día cometía
a causa de su ironía.
Y el carcelero en silencio sufría
mientras el tercero sí que me quería...
¡pero yo no quería amores! no los quería,
y menos de extraños, no los quería,
extraños como el tercero
en cuyos brazos mi frustación de desamor volcaba....
y que hoy, irónicamente, estoy amando como antes amaba,
y me ha devuelto mi identidad robada
y me ha hecho enorgullecerme de ser su dama,
¡yo no quería amores! pero él me curó del drama.
Y aquel que no me quería
hoy sufre por esta causa
y me observa con ojos tristes
al verme tan encantada.
Y el carcelero me ha olvidado,
después de haberme odiado,
ese al que tanto amaba!
y por quien no quería amores, no los quería, no.

Por fin me encuentro aliviada
y con el primero,
quien anteriormente haya sido el tercero,
me encuentro casi enamorada,
y lo estoy queriendo, sí,
como a uno de los grandes amores
y ahora que tengo amores
ya no quiero más nada!

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