Un fracaso tras otro…
Cómo enfrentar la vida?,
Esto parece un castigo, y me retuerzo en la cama preguntándole a la almohada qué he hecho mal, en qué es lo que suelo fallar, castigo divino u odio maldito, no sé, sea lo que sea… una se le asemeja a la otra, dolor, más dolor, traición, decepciones, fracasos…
Espiral nocivo que no deja de girar, como enfrentar esta cruda realidad si tú no estás?,
7/12/08
Fracasos sin amor.
3/12/08
Algo más...
"¡Lástima que Alá, Jehová, Dios (no importa el nombre que le den) no hubiera vivido en el mundo de hoy! Porque si así hubiera sido, todos estaríamos aún en el paraíso terrenal, porque Él estaría aún respondiendo recursos, apelaciones, sumarios, suplicatorias, amparos, iniciativas, y tendría que explicar en innumerables audencias su decicsión de expulsar a Adán y Eva del jardín del Edén... por haber sólo transgredido una ley arbitraria, sin ningún fundamento jurídico: no comer del fruto del Bien y del Mal.
Si no quería que hubiera ocurrido esto, ¿por qué plantó tal árbol en medio del jardín y no allende las paredes del paraíso? Si hubiera sido llamada para defender a la pareja, Mari seguramente habría acusado a Dios de "omisión administrativa", porque además de colocar el árbol donde no debía, no le puso carteles de prevención, barreras, dejando de adoptar los mínimos requisitos de seguridad y exponiendo a todos los que pasaran al peligro.
Mari también podría haberlo acusa de "inducción al delito": llamó la atención de Adán y Eva para el lugar exacto donde se encontraba. Si nada hubiera dicho, habrían pasado generaciones y más generaciones por esta tierra sin que nadie se hubiera interesado por el fruto prohibido, ya que estaría en un bosque lleno de árboles iguales y, por tanto, sin ningún valor específico.
Pero Dios no actuó así. Por el contrario, escribio la ley y halló el modo de convencer a alguien de que la transgrediese sólo para poder inventar el Castigo. Sabía que Adán y Eva acabarían aburridos de tanta cosa perfecta y, tarde o temprano, irían a probar Su paciencia. Allí estuvo aguardando, porque quizá también Él, Dios Todopoderoso, estaba fastidiado de que las cosas marcharan perfectamente: si Eva no hubiera comido la manzana, ¿qué de interesante habría acaecido en estos billones de años?
Nada.
Cuando fue violada la ley, Dios (el juez todopoderoso) simuló incluso una persecución, como si no conociera todos los escondrijos posibles. Con los ángeles mirando y divirtiéndose con la chanza (la vida para ellos también tenía que ser muy aburrida desde que Lucifer dejara el cielo), Él comenzó a caminar. Mari imaginaba cómo ese pasaje de la Biblia podría dar pie a una buena película de suspenso: los pasos de Dios, las miradas asustadas que la pareja se intercambiaba, los pies que de golpe se detenían junto al escondrijo.
-¿Dónde estás?- pregunta Dios.
-Oí tus pasos por el jardín, tuve miedo y me escondí, porque estoy desnudo- repuso Adám, sin saber que, con esa afirmación, se declaraba reo confeso de un crimen.
Rápido, mediante un simple subterfugio, consistente en fingir que ni sabía dónde se encontraba Adán ni el motivo de su fuga, Dios conseguía lo que deseaba. Mas aun así, para no dejar ninguna duda a todo el corro de ángeles que asistía atentamente al episodio, resolvió continuar:
-¿Cómo sabes que estás desnudo?- lo interroga Dios, sabiendo que esta pregunta sólo tendría una respuesta posible: porque comí del árbol que me permite entender esto.
Con aquella pregunta Dios mostró a sus ángeles que era justo y estaba condenando a la pareja con base en todas las pruebas existentes. De ahora en adelante, no importaba ya saber si la culpa era de la mujer ni que pidieran perdón. Dios necesitaba un ejemplo, para que ningún otro ser, terrestre o celeste, tuviera de nuevo el atrevimiento de ir contra Sus decisiones.
Dios expulsó a la pareja y los hijos de ésta terminaron pagando también por el crimen (como ocurre hasta hoy con los hijos de los delicuentes) y el sistema judicial quedó inventado: ley, transgresión de la ley (lógica o absurda, no tenía importancia), juicio (donde el más hábil vencía al ingenuo) y castigo.
Como toda la humanidad había sido condenada sin derecho a revisión de sentencia, los seres humanos habían decidido crear mecanismos de defensa, para la eventualidad de que Dios resolviera de nuevo demostrar su poder arbitrario. Pero con transcurso de millones de estudios, los hombres inventaron tantos recursos que terminaron exagerando la dosis y ahora la justicia era maraña de cláusulas, jurisprudencias, textos contradictorios que nadie conseguía entender bien.
Tanto es así que cuando Dios cambió de idea y decicdió mandar a su Hijo a salvar el mundo, ¿qué sucedió? cayó en las redes de la justicia que Él había inventado.
La maraña de leyes terminó fomentando tal confusión que el Hijo acabó clavado en una cruz. No fue un proceso sencillo: de Anás a Caifás, de los sacerdotes a Pilatos, quien alegó no tener leyes suficientes según el código romano. De Pilatos a Herodes, que, a su vez, alegó que el código judío no permitía la sentencia de muerte. De Herodes a Pilatos de nuevo, quien aún intentó una escapatoria ofreciendo un arreglo jurídico con el pueblo: lo mandó azotar y lo mostró con las heridas, pero no le funcionó.
Como hacer los modernos fiscales, Pilatos decidió promoverse a costas del condenado, ofreciendo intercambiar a Jesús por Barrabás, sabiendo que la justicia a esas alturas, se había convertido ya en un gran espectáculo que exigía un final apoteótico, con la muerte del reo.
Por fin, Pilatos echó mano del artículo que otorgaba al juez (y no a quien estaba siendo juzgado) el beneficio de la duda: se lavó las manos, lo que quiere decir "ni sí, ni no". Era más un artificio para preservar el sistema jurídico romano, sin herir la buena relación con los magistrados locales y aún poder transferir el peso de la decisión al pueblo, en caso de que aquella sentencia acabara creando problemas y haciendo que algún inspector de la capital del Imperio viniera a comprobar personalmente de qué se trataba el asunto.
Justicia, derecho. Aunque fuera indispensable para ayudar a los inocentes, no siempre fucionaba como a todos les gustaría"
Texto sacado del último libro que leí, "Veronika decide morir" de Paulo Coelho.
Se los dejo pa reflexionar un poco...
Si no quería que hubiera ocurrido esto, ¿por qué plantó tal árbol en medio del jardín y no allende las paredes del paraíso? Si hubiera sido llamada para defender a la pareja, Mari seguramente habría acusado a Dios de "omisión administrativa", porque además de colocar el árbol donde no debía, no le puso carteles de prevención, barreras, dejando de adoptar los mínimos requisitos de seguridad y exponiendo a todos los que pasaran al peligro.
Mari también podría haberlo acusa de "inducción al delito": llamó la atención de Adán y Eva para el lugar exacto donde se encontraba. Si nada hubiera dicho, habrían pasado generaciones y más generaciones por esta tierra sin que nadie se hubiera interesado por el fruto prohibido, ya que estaría en un bosque lleno de árboles iguales y, por tanto, sin ningún valor específico.
Pero Dios no actuó así. Por el contrario, escribio la ley y halló el modo de convencer a alguien de que la transgrediese sólo para poder inventar el Castigo. Sabía que Adán y Eva acabarían aburridos de tanta cosa perfecta y, tarde o temprano, irían a probar Su paciencia. Allí estuvo aguardando, porque quizá también Él, Dios Todopoderoso, estaba fastidiado de que las cosas marcharan perfectamente: si Eva no hubiera comido la manzana, ¿qué de interesante habría acaecido en estos billones de años?
Nada.
Cuando fue violada la ley, Dios (el juez todopoderoso) simuló incluso una persecución, como si no conociera todos los escondrijos posibles. Con los ángeles mirando y divirtiéndose con la chanza (la vida para ellos también tenía que ser muy aburrida desde que Lucifer dejara el cielo), Él comenzó a caminar. Mari imaginaba cómo ese pasaje de la Biblia podría dar pie a una buena película de suspenso: los pasos de Dios, las miradas asustadas que la pareja se intercambiaba, los pies que de golpe se detenían junto al escondrijo.
-¿Dónde estás?- pregunta Dios.
-Oí tus pasos por el jardín, tuve miedo y me escondí, porque estoy desnudo- repuso Adám, sin saber que, con esa afirmación, se declaraba reo confeso de un crimen.
Rápido, mediante un simple subterfugio, consistente en fingir que ni sabía dónde se encontraba Adán ni el motivo de su fuga, Dios conseguía lo que deseaba. Mas aun así, para no dejar ninguna duda a todo el corro de ángeles que asistía atentamente al episodio, resolvió continuar:
-¿Cómo sabes que estás desnudo?- lo interroga Dios, sabiendo que esta pregunta sólo tendría una respuesta posible: porque comí del árbol que me permite entender esto.
Con aquella pregunta Dios mostró a sus ángeles que era justo y estaba condenando a la pareja con base en todas las pruebas existentes. De ahora en adelante, no importaba ya saber si la culpa era de la mujer ni que pidieran perdón. Dios necesitaba un ejemplo, para que ningún otro ser, terrestre o celeste, tuviera de nuevo el atrevimiento de ir contra Sus decisiones.
Dios expulsó a la pareja y los hijos de ésta terminaron pagando también por el crimen (como ocurre hasta hoy con los hijos de los delicuentes) y el sistema judicial quedó inventado: ley, transgresión de la ley (lógica o absurda, no tenía importancia), juicio (donde el más hábil vencía al ingenuo) y castigo.
Como toda la humanidad había sido condenada sin derecho a revisión de sentencia, los seres humanos habían decidido crear mecanismos de defensa, para la eventualidad de que Dios resolviera de nuevo demostrar su poder arbitrario. Pero con transcurso de millones de estudios, los hombres inventaron tantos recursos que terminaron exagerando la dosis y ahora la justicia era maraña de cláusulas, jurisprudencias, textos contradictorios que nadie conseguía entender bien.
Tanto es así que cuando Dios cambió de idea y decicdió mandar a su Hijo a salvar el mundo, ¿qué sucedió? cayó en las redes de la justicia que Él había inventado.
La maraña de leyes terminó fomentando tal confusión que el Hijo acabó clavado en una cruz. No fue un proceso sencillo: de Anás a Caifás, de los sacerdotes a Pilatos, quien alegó no tener leyes suficientes según el código romano. De Pilatos a Herodes, que, a su vez, alegó que el código judío no permitía la sentencia de muerte. De Herodes a Pilatos de nuevo, quien aún intentó una escapatoria ofreciendo un arreglo jurídico con el pueblo: lo mandó azotar y lo mostró con las heridas, pero no le funcionó.
Como hacer los modernos fiscales, Pilatos decidió promoverse a costas del condenado, ofreciendo intercambiar a Jesús por Barrabás, sabiendo que la justicia a esas alturas, se había convertido ya en un gran espectáculo que exigía un final apoteótico, con la muerte del reo.
Por fin, Pilatos echó mano del artículo que otorgaba al juez (y no a quien estaba siendo juzgado) el beneficio de la duda: se lavó las manos, lo que quiere decir "ni sí, ni no". Era más un artificio para preservar el sistema jurídico romano, sin herir la buena relación con los magistrados locales y aún poder transferir el peso de la decisión al pueblo, en caso de que aquella sentencia acabara creando problemas y haciendo que algún inspector de la capital del Imperio viniera a comprobar personalmente de qué se trataba el asunto.
Justicia, derecho. Aunque fuera indispensable para ayudar a los inocentes, no siempre fucionaba como a todos les gustaría"
Texto sacado del último libro que leí, "Veronika decide morir" de Paulo Coelho.
Se los dejo pa reflexionar un poco...
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